viernes 5 de noviembre de 2010

No necesito demasiado.

 

Aún mi sangre fluye. Por ella pasan las penas y las alegrías. A veces la tengo fría, a veces caliente.

Nutre mi cuerpo a regañadientes. Yo duermo ocho horas para que mi cuerpo no se queje.

No necesito de nadie, por suerte, cuando estoy solo.

No sé ni bailar ni cantar. Pero lo hago. Sólo por acompañarte.

No necesito más dinero para usarlo. Lo uso si no hay nada más que hacer.

No necesito más amor para desperdiciarlo. Sólo lo necesario. ¿Qué es lo necesario para ellos?

No me interesas ni tú ni los otros. Sólo quiero aquello que no me despierta interés. El interés es una debilidad.

Me declino hacia la pasión. Al mismo instante del latido de mi corazón.

No necesito demasiado para sufrir. Tampoco para ser feliz.